miércoles, 8 de julio de 2009

House - A girl like me? - Capítulo 4




House vio cómo se alejaba rápidamente, pero se quedó en su lugar: Algo le decía que era mejor no meter sus narices en el asunto por ahora. Cosa inusual en él, pero desde que ella llegó, todo era inusual.

Entró a la oficina y a cada paso que daba, el vidrio roto crujía sonoramente. Y pensar que él le daba dolores de cabeza a su jefa… si su querida sobrina perdía el control cada vez que tuviera un mal día, terminaría por destruir el hospital, además de quedar en quiebra, por tanto pago debido a daños estructurales.

Miró el desastre, chasqueó la lengua y se dirigió al escritorio de Sophie, tan sólo para ver la oficina “desde otra perspectiva”. El escritorio de la chica estaba como cualquier escritorio de un médico: carpetas, estudios médicos, libros… todo lo normal. Sin embargo, la curiosidad de House se vio premiada cuando ve que el primer cajón está abierto.

Al principio, sólo habían las mismas chucherías de siempre: es decir, notitas, engrapadoras, engrapes, clips, lápices, destacadores, etc. También había tarjetas de despedida tanto de sus amigos como colegas en Londres y fotografías de su juventud. Sin embargo, lo más desconcertante fue lo que pilló debajo de todas esas cosas: un portarretrato.

Lo sacó del escritorio y vio a una joven pareja en el día de su matrimonio. Él, de cabello rubio, ojos grises y tez muy blanca, enfundado en un traje negro, con camisa blanca y corbata de moño. Ella, de cabello negro, ordenado en un peinado sencillo que resaltaba con la hermosa tiara que posaba en su cabeza, de tez morena, ojos color avellana y enfundada en un vestido blanco que dejaba al descubierto sus brazos y su cuello. Parecía una princesa. Pero lo más desconcertante era la felicidad que irradiaban ambos. El rubio, no muy expresivo al parecer, tenía un brillo especial en los ojos. En cambio ella, lo mostraba todo en aquella sonrisa tan infantil y sincera.

Se quedó absorto un par de minutos, recordando cómo había sido su boda con Stacy. La sensación que le producía aquella fotografía era la misma que había sentido en ese entonces. Pero ¿Qué fue lo que cambió, si ella no tuvo muerte muscular? ¡Es que acaso necesitaba a alguien igual a él para poder ayudarla? Era una estúpida idea: ella sabía muy lo que estaba haciendo, no necesitaba ayuda. Ella no era una bella chica tratando de salvar el mundo… entonces qué necesitaba sentir ¿Ser alguien normal? Pues entonces se equivocó de profesión. Un médico arriesga todo por el paciente, aunque deteste al mundo.

Una crujidera de vidrios pulverizados (recuerden que todo estaba roto en mil pedazos) se sintió en la oficina y dejó el portarretrato sobre el escritorio, pero dado vuelta. Eran Chase y Cameron.

- ¿Qué demonios pasó aquí? –Preguntó Chase.

- Resulta que el Huracán Templeton se estrelló con la puerta. – Respondió House, mientras acomodaba sus piernas sobre el escritorio y miraba nuevamente el desastre.

- Toda una malcriada. –Dijo Cameron mordazmente.

Chase le lanzó una mirada reprochadora y House se desperezó, para poder contestar algo decente, ya que se notaba a leguas que la chica odiaba no ser el centro de atención.

- No niego que me gustaría verlas peleando en el barro, semidesnudas, gritando sin control. Una pelea de barro siempre es excitante. – Dijo, mientras se levantaba del asiento. En verdad era cómodo. – Sin embargo, mis apuestas irían para Sophie: tiene garra y no descansaría hasta verte acabada. – En ese momento, se quedó mirando fijamente a Wilson y a una de sus ex – esposas. Tenía dos misterios que resolver, ambos interesantes, pero uno más urgente que otro.

Silencio incómodo. Cameron miró duramente a su mentor y parecía que salía humo de sus oídos. Sin embargo, la gota que rebasó el vaso fue el comentario de Chase.

- Yo también apostaría por Sophie… -comenzó diciendo Chase, pero Cameron lo cortó de inmediato.

- Siempre haces lo mismo que House. – Dijo molesta.

- Apostaría por Sophie porque le importa un bledo ser una chica buena, mártir de los de los desposeídos.

House sonrió maliciosamente sin que nadie lo viera, ya que seguía observando a Wilson. Nuevamente, alguien comenzó a caminar, ya que se sentía cómo el vidrio se pulverizaba a cada paso que daba, hasta que se detuvo.

- Al parecer, esta bola 8 de la suerte no fue de gran ayuda. –Dijo Chase.

House se dio vuelta inmediatamente y vio la bola fijamente ¿Cómo se le ocurría a esa chiquilla del demonio meterse con sus cosas?

- Dime qué es lo que dice. –Dijo serio. Cameron fue de inmediato al escritorio de su jefe para comprobar si ese juguete era de él o de Sophie.

- “¿Malas noticias?”

La chica revisó rápidamente y comprobó que uno de los juguetes preferidos de House no había sido el causante de la ira de Sophie.

- Tiene que ser de ella. El suyo está donde siempre.

- El basurero. – Dijo House, entre dientes.

Chase y Cameron se miraron entre sí, atónitos, pero no dijeron palabra. Nuevamente una crujidera de vidrios rotos, pero esta vez, más suave. Era Foreman.

- Llegó a urgencias una mujer… -Pero se quedó con la mitad de la frase al ver el desastre en la oficina. - ¿Qué pasó aquí?

- Al parecer, nuestra nueva colega tuvo un arranque de ira. –Contestó Chase.

- Y con justa razón. –Dijo, mientras mostraba el papel todo arrugado que había sacado del basurero.

- ¿Desde cuando que el basurero ha sido una fuente de inspiración? –Preguntó Foreman.

- Si te dicen donde está la respuesta, entonces ¿Para que desgastarse intentando elucubrar la trama? – Nuevamente se sentó en la silla de Sophie y miró el papel sin mucha atención.

- ¿Eso quiere decir que no haremos más diferenciales? – Preguntó Cameron.

- Oh, niños tontos ¿Qué es lo que obtienen de una pregunta? – Les dijo como si fuese una maestra de primaria.

- Una respuesta. – Contestó Chase.

- Pues entonces, eso fue lo que obtuve cuando le pregunté por el desastre que hizo aquí. – Los chicos se acercaron y House dejó el sobre con el membrete de la Real Corte de Justicia del Reino Unido, mientras leía la carta silenciosamente.

- ¿Real Corte de Justicia? – Dijo Foreman. - ¿Acaso tiene una demanda por negligencia médica?

- Noup, es una demanda de divorcio requerida por ella. – Dijo seriamente.

- ¿Ella la pidió? –Preguntó Cameron desconcertada. - ¿Pero entonces…

- El marido pidió que le quiten todas sus posesiones, ya que no hay separación de bienes.

- Creí que tenía más cerebro. – Dijo Foreman.

- Por supuesto que lo tiene, si el ex marido está pidiendo que le devuelvan sus bienes y como compensación por el “daño psicológico”, quiere los bienes de ella.

Todos se miraron asombrados: no había que subestimar a la chica.

- Aunque yo esperaba mucho más de un hombre negocios como Mathew Cunningham. – Contestó House, mientras se iba.

- Hey, tengo una paciente… - Dijo Foreman.

- No me interesa. – Contestó House.

- … con abulia.

House miró a su equipo, exasperado. Luego del diferencial hablaría con Cuddy.

ºOºOºOº

Había llegado al departamento de su tía en menos tiempo del presupuestado. Pero tampoco esperaba encontrarla en casa, ya que estaría rodeada por la gran cantidad de papeleo que tenía que revisar como Decano de Medicina y también, que tendría que lidiar con House y luego con ella por el desastre que dejó en la oficina de su “jefe”.

Dejó la llave de la moto al lado de la máquina contestadota y comenzó a quitarse la ropa, mientras sacaba su iPhone y revisaba si tenía mensajes de su abogado. Pero recordó que no había contratado la opción que le permitía estar comunicada en cualquier parte del mundo, por tanto la única forma de ubicarla era a través del e-mail. Sin embargo, al pensar en la gran cantidad de correos sin leer, prefirió llamar a la operadora y que ésta transfiriera la llamada a Londres.

Se tiró en el sillón y comenzó a sacarse la ropa. Le molestaba sobremanera vestirse formalmente para trabajar, pero como en Inglaterra estaba obligada a seguir cierto patrones de vestimenta y ahora aquellos patrones estaban arraigados en ella. Pero hoy, todo lo que la uniera a su pasado en Europa le molestaba sobremanera, así que cuando quedó sólo en ropa interior (lencería negra, por cierto. Tiene los genes de Cuddy), llamó a la operadora y con su otra mano libre, comenzó a jugar su desordenado pelo.

- Operadora, necesito hacer una llamada de larga distancia internacional. Código país 44, código ciudad 71. Gracias

Un silencio inquietante reinaba en el lugar, lo que alteraba aún más a Sophie, pero sin ganas de destruir todo a su alrededor. Necesitaba ubicar a Jonathan con urgencia, sino todo sería un caos. Su impaciencia era tal, que comenzó a tamborilear con los dedos hasta que al fin, la comunicaron con la operadora británica.

- ¿A quién desea ubicar?

- A Jonathan Grant, de la firma Cromwell & Grant.

- Le comunico de inmediato.

Luego una voz masculina, de tono grave. Si no fueses tan mujeriego, tal vez habríamos tenido algo, pensó maliciosamente. Y de inmediato sacudió la cabeza. Estar desnuda definitivamente le hacía mal.

- Jonathan Grant. – Contestó, de manera formal.

- Hola John, soy Sophie.

- Mujer, menos mal llamaste. – Toda formalidad quedó atrás: John y Sophya se conocían desde la universidad. -¿Viste la estupidez de citación que me envió Stella?

La chica emitió una arcada.

- ¿Es necesario que tengas que nombrarla? –Preguntó enojada. –De solo pensar en ella me da asco.

- Está bien, será la-chica- que-no-debe-ser-nombrada. – Le contestó de manera condescendiente. – Pero reconócelo: tiene todo bien puesto, al igual que tu.

- Uno, me parece bien. Dos, no te atrevas a compararme con ella y tres ¿Volvamos al punto?

- Está bien, está bien. –Le dijo, en un tono suave para lograr que la chica se calmara. – Entonces, leíste la estupidez que me envió la-que-no-debe-ser-nombrada? – Dijo esto último en un susurro casi inaudible.

- Por supuesto que lo leí. –Dijo enojada. –Y por su culpa, he hecho un desastre en Princeton.

- ¿Princeton? ¿Estás en América?

- ¿Y qué pretendías que hiciera ¿Qué la viera como si nada en el trabajo?

- Si, claro, tienes razón. –Le contestó medio apesadumbrado. Sabía que ese era el golpe más bajo que le podían haber dado a su amiga.

Un pequeño silencio tranquilizador, que les sirvió a ambos para poder tomar aire. Ya repuestos, siguieron con el interrogatorio.

- ¿Qué posibilidades tenemos de ganar?

- Todas. – Contestó seguro.

- ¿Estás seguro que recibiste la misma carta que yo?

- ¡Por supuesto! –Dijo, algo alterado por la desconfianza de su amiga. –No soy tan estúpido como tu marido.

- Ex – marido. –Le corrigió molesta.

- Lo que sea. El punto es, que al congelar la cuenta que tontamente te entregó, la demanda por los bienes es nula: La cuenta jamás fue utilizada, por tanto, lo único que debes hacer es entregársela.

- Pero el idiota también quiere mis cosas.

- Sólo una: tu departamento en Notting Hill.

- ¿Mi refugio? –Se levantó de inmediato, alterada por la noticia, y comenzó a gritarle al celular. Jonathan por supuesto, se alejó de inmediato el auricular de su oreja y colocó el altavoz. -¡¿QUÉ DEMONIOS PRETENDE?! ESE LUGAR ES MÍO, AUNQUE YA NO SEA SU ACTUAL DUEÑA, PERO ES MÍO Y NO-ME-LO-VA-A-QUITAR. ¿ESCUCHASTE?

- Te oí mejor que nunca, amiga. –le dijo en un susurro.

- ¿Qué dijiste? –Preguntó normalmente, sin gritarle al celular.

- Que entendí clarito lo que dijiste. ¿Y cómo es eso de que ya no eres la dueña de tu departamento?

- Me vas a odiar. – Le dijo maliciosamente.

- Sophya, mente siniestra, dime que es lo que has hecho.

- Ya te he dicho que no me digas Sophya. –Contestó cansinamente. –Y bueno, si mi mente es siniestra: cuando presenté la demanda de divorcio, hice un traspaso del departamento a mi tía, tratando de evitar una situación como esta y porque también, en ese tiempo me fui a Edimburgo a hacer clases. –Jonathan, del otro de la línea, estaba con la boca abierta y no atinó a otra cosa más que aplaudir.

- Eres una mente brillante… aún no me cabe en la cabeza como te casaste con el idiota de tu ex.

La chica sonrió para si y habló.

- Porque ese idiota me hizo sentir querida.

- Pero Sophie, todos los hombres se detienen a mirarte. ¿Por qué él?

- Antes pensaba que a él le gustaba cómo me apasionaba por mi trabajo y sin embargo, me relajaba por completo a su lado. Y como te diste cuenta, me equivoqué. Tal vez no debí tomar el cargo en el hospital… no lo sé… Sabes que me cargan los psicólogos. –Le dijo esto último hastiada.

- Pero al menos te hago reír ¿O no?

La chica se río con el comentario.

- Si no me hicieras reír, hace rato que no estaría hablando contigo.

- Y por eso soy tu amigo: me soportas todas mis estupideces.

- Estupideces que sirven bastante. –Le dijo tiernamente. –¿Me haces un favor?

- Da por hecho que me reiré en la cara del idiota y la-que-no-debe-ser-nombrada por la estúpida demanda que entablaron.

- Quiero fotografías.

- Todas las que desees. ¿Cuándo vuelves?

- Dudo que vuelva pronto, así que diles que los espero con los brazos abiertos –esta última parte tenía un claro tono de ironía –en Jersey.

- Ok, un abrazo y ánimo chica: no sabes lo que les espera.

- No te preocupes, que lo de la demanda es sólo el primer golpe.

- ¿Qué estás…

- Cuando vengas a América, lo verás.

- ¿Por qué no te casas conmigo? – Le dijo suplicante. La chica se río a carcajadas.

- Creo que eres mejor como amante, cariño.

- Malvada. –Respondió dolido.

- También te quiero.

- Cuídate. –Le dijo a regañadientes.

- También tú.

Y cortó la llamada. Suspiró, miró a su alrededor y sonrió maliciosamente. El que la hace, la paga, pensó y se fue a vestirse a su habitación.

ºOºOºOº

"Gente estúpida ¿Es que no pueden morirse de una manera más entretenida?" pensaba House mientras subía al ascensor. Y es que el diferencial, que era generalmente era uno de los momentos que más disfrutaba al ver a sus marionetas defenderse con todo, esta vez el debate se centró en el abuso de drogas y toxinas, siendo lo único interesante, para House claro está, la abulia de la chica. Por tanto, para que todos se quedaran callados de una vez, los mandó a investigar donde la chica vivía.

Las puertas del ascensor estaban por cerrarse, cuando vio una mano que se introdujo en la pequeña rendija que quedaba. La puerta abrió y ¡Era Wilson! Por fín sabría que demonios hacía su ex en el hospital, si acaso se trataba de una desesperada venta innecesaria de bienes raíces o algo más... interesante. O sea, sexo.

- ¿Que pasó en tu oficina? - Preguntó algo agitado.

- Un lapsus destructivo de mi nueva... ¿Como decirlo? Entretención.

- ¿Sophie hizo todo eso? -Preguntó asombrado. Hasta ahora, ninguna de sus esposas había destruido las cosas, ni siquiera por despecho. Era más fácil calmarse con sexo.

- Sí, ella fue y blah, blah blah... -Dijo House, ya aburrido por la conversación. - Mejor hablemos de otra cosa.

- ¿Cómo cual? -Preguntó Wilson, rogando para sus adentros que no hablara de...

- ¿Qué hacía Julie aquí? -Lo miró a los ojos, divertido por cómo había agachado la cabeza en señal de culpabilidad.

- Nada, sólo hablábamos del perro.

- Perro es igual a dinero. Dinero es igual a "No tengo ni un centavo. ¿Me mantendrías por un tiempo? Ya sabes, por los viejos tiempos.”

Wilson puso una cara de asco al pensar en eso. Si sus tres esposas pensaran de esa manera, hace rato que habría quebrado.

- No, el perro es igual a perro. Recuerda que es vendedora de bienes raíces.

- Corrección: es la peor vendedora de bienes raíces. - Contestó House

- Cierto. - La puerta se abrió y ambos salieron del ascensor. - ¿Vas a la cafetería?

- Noup, tengo que hablar un asunto de familia con Cuddy. - Y partió directo a la oficina de su adorada jefa.

Cuando entró, vio a Cuddy con su peinado más o menos desecho, un montón de papeles, contestando e-mails y hablando por teléfono con un tono que distaba de ser agradable. En el momento en que la decana vio al doctor, lo miró y puso sus ojos en blanco, como una manera de decir "lo que me faltaba: House haciendo mi día más horrible de lo que es". El le sonrió como un niño de cinco años, feliz de tener un juguete nuevo y se recostó en el sillón.

Cuddy habló durante tres minutos más y colgó el teléfono furiosa.

- ¿Qué es lo que hiciste ahora? ¿Le dijiste a la madre de una niña de tres años que le diera marihuana para que no la molestara más?

- Hey, no la tomes conmigo. - Le dijo House, mientras levantaba las manos reclamando inocencia. -Esta vez no fui yo.

- Si claro. El día que eso suceda...

- Pues acaba de suceder hoy. - Contestó, mientras se levantaba y se acercaba al escritorio de Cuddy. La decana se tornó pálida de repente y preguntó temblorosa.

- ¿Qué fue lo que sucedió, House?

House le entregó la carta que encontró en el basurero de Sophie.

- Acaba de estrellarse un huracán en mi oficina. -Le dijo seriamente. - ¿Por qué no me dijiste antes de esto?

- Cuddy tenía los ojos cerrados y movía la cabeza de un lado a otro.

- ¡Contéstame!

Cuddy se levantó de su silla, furiosa, con los ojos llorosos.

- ¡Porque esto no te incumbe!

- ¡Si me incumbe si estamos hablando acerca de uno de mis empleados!

- ¡La puse a trabajar contigo para ver si eras capaz de sentar cabeza y si también era capaz de cerrar el capítulo!

Silencio total. Ahí estaban las razones de porqué ella estaba ahí: trataría de mantenerlo en sus cabales, a pesar que ella no era una adicta a las reglas; le ayudaría a ver la vida desde una nueva perspectiva, a pesar que él no era el indicado.

- No soy terapeuta de nadie. - Le dijo suavemente, tomando sus brazos de manera delicada y mirándola a los ojos. - Se supone que yo necesito terapia.

- No hablo de terapias Greg, sino que recuperara su viejo espíritu, ese que hacía temblar a todos.

- Sin embargo, me pediste que no me involucrara con ella. - Lisa suspiró sonoramente, se soltó de Greg y comenzó a caminar por el escritorio, tratando de tomar valor para decir lo que iba a decir.

- Oh, vamos: para ti era tan sólo una modelo de Playboy disfrazada de doctora. ¿O acaso no fue así con Cameron?

House la miró, herido, pero no respondió nada. Cuddy trató de acercarse y decirle que lo sentía, pero él no la dejó.

- House, yo...

- La diferencia entre tu sobrina y Cameron, es que ella sí me importa.

- ¿Te importa o te interesa saber por qué es así? -Le preguntó delicadamente: estaba pisando terreno minado.

- Si me interesa, entonces me importa. -Contestó en su tono usual. - Y ahora, mejor será que llames a Tritter.

Cuddy lo miró horrorizada: definitivamente, un día sin novedades de House era un día excelente. Lo malo era, que hasta ahora, su día había sido horripilante

- ¿Quieres que te encarcelen?

- ¿Crees que va a tener su celular encendido? - House le pasó el auricular para que comenzara a marcar.

- Que te quede claro que sólo lo hago para saber si Sophie está bien. - Le dijo, mientras marcaba el número.

- No te preocupes, hoy no haré bromas acerca de tu cena con Wilson. - Le dijo House al oído, mientras se sentaba en el escritorio. Cuddy abrió la boca, con ganas de protestar, pero Tritter había contestado la llamada: no había tiempo para llamadas tontas y, muy en el fondo de su corazón, quería saber que pasaría entre House y Sophie.

viernes, 3 de julio de 2009

Crossover - Eclipse - Capítulo 1 de 13




Crossover entre Smallville, True Blood y Doctor Who.


-Vamos, Smallville. Esto es la gran ciudad. No puedes ir como ibas por tu pueblo.
Clark forcejeó con Lois y logró quitarle sus manos del volante.
-¡Lois, déjame conducir en paz! ¿O es que quieres que nos matemos?
-Clark, hace ya cuatro minutos desde que oímos el aviso por radio –dijo levantando el aparatoso receptor por el que cogían la frecuencia de la policía-. Los del Inquisitor siempre llegan en seis minutos y la policía de Metrópolis en siete. O consigues que este trasto llegue allí en menos de uno o perderemos de nuevo la exclusiva de la noticia.
Si no me hubieras obligado a acompañarte hace ya rato que hubiese estado allí, respondió para sus adentros.
Algo menos de dos minutos después, un Nissan negro derrapó sobre un oscuro y maloliente charco antes de pararse frente a la puerta de un viejo almacén. Antes de que el motor se hubiese apagado, Lois Lane ya salía a toda prisa hacia el interior de aquel destartalado edificio. Clark Kent no tardó en seguirla.
Pero cuando ambos observaron lo que había allí, una misma idea cruzó sus cabezas: quizás deberíamos haber dejado que la poli hubiese llegado primero.
En mitad de aquel viejo almacén, el cuerpo desnudo de un hombre mayor yacía suspendido en el aire por varias cadenas que tiraban de sus miembros. Su maltratado cadáver tenía severos cortes por todos lados y su cara aún mostraba el inmenso dolor de su tortura.
Pero eso no era todo. Había algo peor. Algo que no podía pasar desapercibido, por desgracia.
“YO PIERDO, TÚ PIERDES. AHORA SERÁS UNA VERDADERA REINA Y YO LA ÚNICA BELLA”.
Quienquiera que fuese aquel homicida había escrito con enormes letras carmesíes el por qué de aquel asesinato., aunque fuese un acertijo imposible de adivinar.
Petrificada por la visión, el receptor de radio se resbaló entre los fríos dedos de Lois y cayó al suelo. Y su eco pareció oírse por toda la ciudad.
-Clark...
Acertó a decir la periodista tras unos interminables segundos de silencio.
-Clark...
Repitió.
Pero Clark Kent estaba igual de atónito que ella. Los crímenes en Metrópolis, aunque brutales, encajaban siempre dentro de un patrón de comportamiento o recompensa. Alguien mataba como vía para conseguir algo, y la violencia del crimen era fiel reflejo de la resistencia opuesta y el deseo por lo que se codiciaba. Sin embargo, no hacía falta ser psicólogo forense para adivinar que ese asesinato se salía del molde.
Aquello había sido puro, salvaje y macabro entretenimiento. Y ya hacía mucho tiempo que algo así no ocurría en la ciudad. No desde que llegó él. No desde que él cuidaba de sus ciudadanos.
Pero esa noche, por alguna razón, había fallado. Y no podía perdonárselo.
-Clark –Lois le asió del brazo e intentó sacarle de su ensimismamiento-. Clark, tranquilo. Si estamos aquí es para ayudar a que cojan al desgraciado que ha hecho esto –dijo la periodista tratando de sobreponerse al problema y mantener una actitud tranquila-. Si quieres vomitar o llorar, hazlo. No debes avergonzarte por ello.
Y esas últimas palabras fueron las que realmente le hicieron despertar.
Clark puso cara de circunstancia y obligándose a mantener su fachada respondió: -Estoy bien, Lois. Gracias. Es que no estoy acostumbrado a ver escenas así.
Y suspiró largamente.
Lois deambuló por la sala mirándola de arriba a abajo, como si quisiera recordar todos y cada uno de los detalles de ese almacén. Se acercó a la victima y la examinó de cerca.
-Le han sacado hasta la última gota de sangre –mencionó con espanto.
Armándose de coraje, Lois respiró profundamente y se acercó a Clark.
-Descansa, Smallville. Tú quédate ahí tranquilito mientras yo me encargo del material gráfico.
Y Clark no pudo ni contestar.
Lois sacó su cámara digital y fotografió el cadáver desde todas las posiciones posibles. Y, cuando parecía que había terminado, empezó de nuevo.
-Como me gustaría que Jimmy estuviese aquí –maldijo la periodista.
-Lois, date prisa. La policía esta al llegar.
-Relájate, Smallville. No vamos a irnos de aquí sin tener la foto de portada del Daily Planet.
-Tienes más de cincuenta para elegir. Confía en mí, alguna te servirá.
Cuando el ulular de las sirenas de policía se empezó a escuchar en las cercanías, Clark y Lois cruzaron sus miradas. Ella se arregló el traje para recibirles, guardó su cámara y se acercó al coche.
Clark solo agachó la cabeza, avergonzado.
Minutos después, la policía ya había acordonado la zona y se habían llevado a los dos periodistas para interrogarles.
-¿Eso es todo, Srta. Lane? –preguntó el agente Jones.
-Es todo.
-No se ha llevado nada de la escena del crimen ni ha fotografiado nada, ¿verdad?
-Por supuesto que no. ¿Por qué lo pregunta?
-Porque la conozco –confesó el policía.
Lois, indignada y abochornada a partes iguales, se fue de allí y dejó al agente Jones y a Clark solos.
-¿Qué ha sucedido, Kal-El? –susurró el agente de color cuando estuvieron solos.
-No lo sé. Llegué demasiado tarde –se castigó-. Pero creo que sé quién está detrás de esto.
-¿Sabes quién ha podido ser?
-Si, vampiros. Más concretamente las Tri-Psi, unas meteor freaks a las que me enfrente hace algún tiempo. Son las únicas que encajan en este modus operandi.
Entonces, un alboroto formado en las lejanías dio paso a unos gritos. Abriéndose paso entre la policía, el millonario Oliver Queen llegó hasta ellos. Su cara era puro reflejo del dolor y la agonía. Y cuando vio al cadáver, se arrodilló, derrotado y abatido, y rompió a llorar.
Clark y John Jones se acercaron a él y le levantaron.
-¿Qué ocurre, Oliver? ¿Le conocías?
-Es Max –dijo entre sollozos-. Maximus Stein. Fue mi mayordomo desde que era pequeño. Hace tres años se jubiló y se fue a Gotham, y le di el suficiente dinero para que ni sus nietos se tuviesen que preocupar jamás.
-¿Y qué hace aquí? –preguntó Jones.
-Solo había venido a visitarme. Solo eso –y se volvió a derrumbar.
-¿Sabes quién ha podido hacerle daño? –le dijo Clark.
-No, no tengo ni idea.
-Mire esto, Sr. Queen –y el agente Jones le llevó a la pintada con sangre.
Y cuando Oliver la leyó, su tornó en pura rabia contenida.
-¡Hija de puta! –gritó.
-¿Tienes alguna idea de quién ha podido hacer esto? –habló Clark.
-Claro que si. Su nombre es Belle Sunders. Una lunática que conocí anoche.
-¿Sunders? ¿Has dicho Sunders? –Clark estaba perplejo.
-Si, Sunders –continuó-. La conocí en un club y estuve con ella casi toda la noche. Cuando le dije que me marchaba tan temprano para poder estar hoy todo el día con Max, enloqueció. Empezó a decir que nadie podía pasar de ella. Que era una reina de la noche y no se qué más. Dijo que lo pagaría. Pero jamás imaginé esto.
-Tranquilízate, Oliver –le calmó Clark-. Yo me ocuparé de esto. Sé por donde empezar.
-No, Clark. De esto me encargo yo –le contestó entre dientes-. Yo no quiero justicia, quiero venganza. No me vale con encerrar a esa lunática. Quiero que sufra y que muera lentamente.
Y Clark tragó saliva.
Entendía perfectamente a Oliver, pero no podía permitirlo. Eso no era lo correcto.
Entonces, el oído de Clark captó algo casi imperceptible. Era un susurro. Casi un movimiento de labios que emitía un leve sonido. Pero lo que le dejó petrificado era lo que esa persona estaba diciendo.
-Ven, Kal-El. Conozco tu secreto y puedo ayudarte.
Nervioso, Clark se separó de toda la multitud y, cuando creyó que nadie le miraba, utilizó su super velocidad para llegar hasta esa voz.
En una habitación cercana, un hombre delgado y desgarbado le esperaba mientras miraba atentamente su reloj.
-Once segundos. ¡Fascinante! –dijo con un marcado acento inglés.
-¿Quién eres? –le preguntó con rostro serio.
El hombre se alisó su traje de chaqueta a rayas y se acercó a él. –No quiero dármelas de importante pero soy quien puede ayudarte a salvar esta ciudad.
-¿Qué sabes? ¿Qué crees que está pasando?
-No lo creo. Lo sé.
El extraño le hablaba con solemnidad y le miraba fijamente a los ojos, como si le estuviese retando.
Y de pronto, todo cambió.
Ahora su cara era pura felicidad. En su rostro brillaba una encantadora sonrisa de oreja a oreja, como la cara de un niño al descubrir una fiesta sorpresa.
-Vamos, hijo de Krypton. Hay trabajo que hacer.
-¿Quién eres? –preguntó Clark, sorprendido.
-Mi nombre es lo de menos, pero puedes llamarme El Doctor.

Sombrerero Loco, la cuarta llama

Sombrerero Loco, o perroparia, es un escritor con un futuro prometedor, autor de obras a las que muy pocos han podido acceder, pero que darán mucho que hablar en el mundo literario (y muy posiblemente en el cinematográfico). Muy bien valorado en la esfera blogger, Sombrerero Loco es creador de, entre otros, El regreso de los saiyans, una continuación de la serie Dragon Ball, y es fiel colaborador de Via Alium, el presente blog, donde muestra su pasión no sólo por la literatura, sino por la creatividad, imaginación y originalidad. Sus ideas y proyectos permiten que la comunidad de escritores noveles, aficionados y futuros profesionales emerja y se reúna con un objetivo común: disfrutar de obras que podrían haber pasado desapercibidas sin su debido reconocimiento y estimular la inspiración de todas aquellas mentes inquietas que no se conforman con observar el cruel paso del tiempo. Se presenta con Eclipse, crossover entre True Blood, Doctor Who y Smallville, fruto de uno de sus desafíos a los creadores de sueños.

Obras publicadas en Via Alium:
Crossover - Eclipse


jueves, 2 de julio de 2009

Crossover - El conejo blanco - Capítulo 1 de 13


Crossover entre Lost, Dollhouse y X-Files.


Fría y calculadora. Así era Paula Burbank. Ninguna emoción podía adivinársele en su gélido rostro. Ni un sólo parpadeo se apartaba de la perfecta sincronía que su extraña mirada ofrecía. Siempre correcta, nunca hablaba más de lo que la educación requería. Y así, ni demasiado seca ni demasiado amable, pagó al taxista y se despidió de él.
Se encontraba frente al Cuartel General del F.B.I. en Washington D.C. Miró hacia arriba y suspiró. No dejó emanar ese pequeño atisbo de miedo ni un segundo más y se dirigió al interior del edificio. En recepción comprobaron su identidad y le colgaron un pase de visitante en el cuello.
El despacho de Leonard Walker, director de recursos humanos del F.B.I., se caracterizaba por ser demasiado grande y poco iluminado. Él creía que así podría intimidar a los aspirantes a agentes federales y ver si de verdad estaban preparados para lo que una vida al servicio del Gobierno de los Estados Unidos de América conllevaba. Alguien llamaba a la puerta. Se trataba de Taffy, su indiscreta secretaria.
-Tiene una vista, señor. Paula Burbank.
-Hágale pasar.
Eran las doce y cuarto del mediodía, ni un minuto más ni un minuto menos. La puntualidad de Paula resultaba tan precisa que incluso incomodaba. Se sentó frente al señor Walker, preparada para cualquier cosa.
-Buenos días.
-Buenos días -contestó Paula.
-Se preguntará el motivo de esta segunda entrevista. Hemos estado analizando su expediente y, la verdad, estamos sorprendidos. Doctorada con Honor en Ciencias Jurídicas por la Universidad de Harvard, Máster en Relaciones Internacionales, Máster en Psicología Forense, Comisaria General en la Comisaría de Woodbridge, profesora en la Universidad de Howard… y así un largo etcétera. Está usted más que preparada para ingresar en el F.B.I., pero eso ya lo sabrá.
-No me corresponde a mí hacer ese tipo de juicios.
-No sea modesta, Agente Burbank. Sí, ha oído bien. A partir de ahora pasa a ser una de nuestras agentes. Desearíamos que se incorporara cuanto antes, mañana si es posible. ¿Supondría eso un problema?
-Para nada, señor Walker.
-Estupendo.
Leonard Walker abrió uno de los cajones de su escritorio y extrajo una placa y una pistola. Paula recogió sus nuevas pertenencias. Se levantó y se estrecharon las manos.
-Gracias por todo, señor Walker.
-A partir de ahora, puede llamarme Leo.
Y sin mediar una palabra más, Paula abandonó el edificio.
Guardó cuidadosamente la placa y la pistola en su bolso y empezó a caminar entre el resto de los mortales hacia una parada de taxis. Alguien la estaba esperando allí, un tipo vestido elegantemente de negro y con una mirada que inspiraba confianza.
-¿Preparada para su tratamiento, señorita Burbank?
Y Paula le siguió hasta una furgoneta oscura.

Comienzan los crossovers

Dos nuevas velas. Dos nuevos mundos hechos con pedazos de otros. Ese era el reto para las llamas y solo tres acudieron al desafío.
La oscuridad de la habitación se hace asfixiante. Tantas velas, tantos universos, todos diferentes, y yo sigo aquí, solo, como un mero vigilante, viendo como ellos evolucionan y yo sigo estancado en el tiempo.
Y lo peor es que, pese al calor de las llamas, mi corazón sigue helado.
Debo ponerme a la acción.
Debo encender mi propia llama para buscar mi senda. Y los Crossovers serán mi primer paso.

martes, 30 de junio de 2009

House - A girl like me? - Capítulo 3



Cuddy llegó a su oficina, alterada por la bochornosa escena, y vio que su sobrina estaba esperándola, tal como ella le había pedido. Así que se sentó, tomó aire y fue directo al grano, aunque en un día normal, se armaría de paciencia y preguntaría sutilmente.
- ¿Qué pretendes con House?
La chica le sonrío: sabía que preguntaría eso y que, contrario a su costumbre, no andaría con rodeos.
- Nos parecemos demasiado, pero no hay nada entre nosotros. -Contestó inocentemente.
- ¿Y por qué debo creerte?
- Porque en este momento, soy una mujer algo amargada gracias a un marido infiel.
- ¿Y qué garantía me da eso?
- Que todos los días, debo cargar la coraza que había abandonado, para que así nadie vea los trozos de mi corazón.
Pausa. Silencio. Sophie bajó la mirada y Cuddy habló nuevamente, pero con una voz muy suave.
- ¿No has hablado con Mathew?
- No hay nada de qué hablar. -Contestó duramente, levantándose de su lugar.
- Sophya...
- ¿Puedo ir a trabajar? -Sus ojos estaban llorosos.
Silencio nuevamente, esta vez, incómodo.
- Tienes que cumplir con...
- ¿Horas clínicas? -Preguntó. -House debe hacerlas: ayer perdió mi apuesta. -Una leve sonrisa traviesa apareció. Cuddy no pudo evitar sonreírle de vuelta: además de haberla contratado por su currículum y que así empezara una nueva vida en Nueva Jersey, era porque tendría a House acorralado.
- Y tienes clases de Bioquímica.
- Ok, prepararé mi clase, entonces.
Y salió del lugar, pero volvió de inmediato.
- Un último detalle: no vuelvas a llamarme Sophya. - Y esta vez, desapareció. Cuddy suspiró sonoramente y se dio una vuelta en su silla, mirando hacia la ventana.
Tenía un mal presentimiento.
ºOºOºOº
Caminó con paso decidido, pero cabizbaja. Su tía le había recordado uno de los episodios más amargos de su vida y que aún no tenía fin. Y por eso, en busca del anhelado fin para poder cerrar aquel maldito capítulo, además de no tener que ver los hipócritas rostros de sus colegas, en especial la de ella, tomó el trabajo en New Jersey. Y en eso venía pensando, cuando al entrar chocó y casi cae al suelo, pero es sostenida firmemente.
- Sophie, estás bien? -Ese acento era inconfundible: era Chase.
- Oh, discúlpame Robert, venía distraída. -Contestó la chica, con el mismo acento y lo miró a los ojos: necesitaba despertar de su pesadilla interna. Chase la condujo suavemente a su asiento y luego, él se sentó sobre el escritorio, en la única parte donde no había papeles.
- Un momento, nadie me dice Robert. -contesta sorprendido.
- Lo sé, pero sería muy poco cortés de mi parte si te trato por tu apellido. - Le respondió con una sonrisa. -Y veo que te incomoda. -Buscó una liga en el bolsillo de su delantal y se amarró el pelo. -Además ya veo a Foreman interrogándote si ya olvidaste a Cameron acostándote conmigo y blah, blah, blah... Será mejor que sigas siendo Chase y yo, Sophie. Templeton es demasiado largo y no estoy para formalidades.
Chase no dijo ninguna palabra. Estaba boquiabierto con la última frase: ¿Qué demonios tiene esta chica, que hace dormir a House y que además, sabe que me gusta Cameron? ¡Apenas llegó ayer y ya causó conmoción!, pensó para sí.
- ¿Estás bien? -le preguntó suavemente con su perfecto acento británico.
- ¿Cómo... cómo es que... -El australiano no puede dejar de balbucear... ¿Tan notorio era?
- Porque alguna vez me enamoré y tenía la misma mirada tuya. -Contestó Sophie. -Además, creo que ayer te hizo gracia que tu jefe tuviera otra víctima para humillar, además de Cameron.
- Pero dudo que hayas firmado una cláusula en tu contrato en donde diga que quieres salir con House, al menos una vez en la vida.
- No, eso es estar desesperado. -Contestó tranquilamente y se sacó los tacones: le dolían los pies. - Sé que en parte, Cameron estará celosa, porque House ya no la hará crecer a golpes y mucho menos echarle en cara que el mundo no es de color de rosa.
- Ufff... la de veces que House le ha dicho eso... -Ambos rieron.
- House no tiene remedio y lo sabe, por eso buscó alguien más a quién pudiera arreglar. Sólo que esta vez, ella quedó atrapada.
- ¿Cómo así?
- Está confundida.
- ¿Y tú...? -Le preguntó Chase, algo dubitativo.
- ¿Con House? -lo miró fijamente. -No, no hay nada entre nosotros: primero, llevo dos días aquí y segundo, tengo otras cosas que resolver antes de enamorarme.
- ¿Y cómo supiste tanto de Cameron?
- Mi tía no es muy discreta que digamos. Además, Cameron no me miró muy bien ayer, pero no me afecta: estoy acostumbrada a que me odien.
- Eres igual a House. -Le dijo, muy seriamente. Pero ninguno de los dos aguantó la risa.
- Tal vez... pero será mejor que cumpla bien con mis horas clínicas si quiere un nuevo bastón. -Contestó sonriendo, mientras miraba el reloj de su computador. - Y será mejor que vaya ahora, porque después tengo clase. -Chase le dijo "gracias" suavemente y salió del lugar, mientras Sophie, nuevamente con zapatos, llevaba una pequeña mochila al hombro y unas llaves, salía de su oficina tranquilamente.
ºOºOºOº
Fastidiado, House se quitó los guantes de látex y los lanzó al basurero. Siempre había odiado las horas clínicas, pero hoy fue la cota que colmó el vaso.
De todos los idiotas que obligatoriamente debió atender (eran pacientes de Sophie, no de él), los padres de un infante de 6 años eran los reyes de la estupidez: el niño presentaba gripe desde hace dos días y no había recibido tratamiento médico alguno. House les entregó la receta médica para que la compraran en la farmacia, pero los padres la rechazaron, argumentando que los antibióticos y las vacunas contra la enfermedad causan una temprana drogodependencia, junto con suprimir el sistema inmunológico.
Los miró con la boca abierta un par de segundos y luego vio al pobre chico, con escalofríos y a punto de desmayarse. Bajó la vista y comenzó a garabatear algo en su libreta, mientras les explicaba que la vacuna contra la gripe no causa adicción, que sí sirve como método de prevención y aquellos medicamentos que pueden provocar drogodependencia son los narcóticos (y sacó una gragea de su frasco de Vicodin), depresores del sistema nervioso central y estimulantes. Pero si querían que su hijo muriera por una tonta gripe, él no se responsabilizaría del hecho. Y les entregó el papel que había rayado mientras les hablaba.
Espantados, los padres tomaron la primera receta y se llevaron al chico, dando un fuerte portazo.
Salió de la sala de diagnóstico, entregó la ficha médica del paciente y se fue directo a la cafetería. Tanta estupidez humana le dio hambre.
Lo curioso fue encontrarse con Wilson en la caja: Tal vez se haya hartado de salvar a gente muerta, pensó cruelmente.
- ¿No tienes ningún caso extraño que resolver? -Le preguntó, mientras recibía el vuelto de su compra.
- Noup, tenía que cumplir una apuesta. -Respondió, mientras le pagaba a la cajera por su Reuben.
- ¿Horas clínicas? -Preguntó. - ¿Y desde cuando que cumples tus apuestas?
- Cuddy y su bocota. -Dijo entre dientes, algo molesto.
- Oh, no la culpes: no todos los días se te ve durmiendo sin Vicodin o cumpliendo tus horas, por mucho que sea una apuesta.
Llegaron ambas órdenes y se sentaron, en silencio. Wilson lo miraba fijamente y sonrió.
- Parece que llegó la mujer que te haga sentar cabeza, House.
- ¿Te molesta que esta vez sea yo el objeto de deseo y no tú? -Preguntó irónico. - Vamos, tu llevas tres ex-esposas, yo sólo tengo una.
- Pero sólo a tí se te ocurre involucrarte con la sobrina de Cuddy. -Le contestó serio.
- Parece que la actitud provocadora es un mal de familia. Aunque en Cuddy, la actitud se convierte en una desesperada súplica de sexo.
Wilson casi se atraganta con su bebida al oír el último comentario y House sólo atina a sonreír.
- Teoría comprobada.
- House, -dijo Wilson, algo atragantado aún por el episodio anterior. -Es sólo la sobrina de Cuddy.
- Si solamente fuera eso, no diagnosticaría bien, no manejaría una Chopper, no se atrevería a invadir mi oficina o a romper mi bastón, mantendría una dieta saludable...
- ¿Es cómo tu? - Preguntó con los ojos abiertos. - Dios, creí que contigo era suficiente, pero dos...
- Sí, pero no.
- Explícate.
- No cojea y tampoco es amargada.
- Tal vez no tenga la pierna mala, pero eso no quiere decir que no tenga problemas. -Contestó, mientras se servía su último trozo de Volcano Cake. - Algo que aprendí de mis tres fracasos matrimoniales, es que las mujeres esconden lo que verdaderamente sienten hasta que explotan o encuentran un apoyo. - Y luego de esta charla, he comprobado mi teoría.
- ¿Y cuál sería?
Se limpió con la servilleta, se levantó de su puesto y le dijo.
- Que no es necesario que sientes cabeza, sino que encuentres a alguien que te comprenda. Y por lo que veo, entre ustedes es algo natural.
House lo mira alejarse del lugar, mientras termina de servirse su sándwich.
ºOºOºOº
Sophie entró apurada a la oficina, tirando la mochila al suelo y colocando el nuevo bastón de su ¿Jefe? Si fuese mi jefe, me sometería a sus órdenes, pensó para sí, mientras sonreía al dejarle una pequeña nota, que decía:
Gracias por cumplir con tu parte del trato; Ahora, sólo falta que te devuelva tu oficina.
Miró de reojo su reloj y vio que sólo faltaban cinco minutos para su clase, así que tomó un libro, su mochila y salió del lugar.
ºOºOºOº
House entró a la oficina, bostezando: de inmediato, se fijó que había un nuevo bastón en la mesa y leyó la nota. Sonrió para sí, admirando el detalle de su nuevo bastón -en su base, había grabado unas llamas- y dejándolo a un lado, se concentró en aquel trozo de papel escrito.
- Tal vez, Wilson tenga razón. -Dijo suavemente.
ºOºOºOº
Estaba cansada, pero feliz: la clase de hoy había resultado bastante bien, pero los tacones la estaban matando. Menos mal, ya no tenía nada que hacer en el trabajo y podría irse a descansar, pero lamentablemente, todo lo buena llega a su fin.
Iba entrando a la oficina, cuando la detiene un hombre canoso, de mediana estatura.
- Disculpe ¿Es usted Sophya Templeton Cunnigham?
Suspirando, contestó.
- Solía serlo.
El caballero la miró dulcemente y le entregó un sobre con el sello de la Real Corte de Justicia.
- Que tenga un buen día. -Dicho esto, se retiró del lugar.
De inmediato, dejó el libro sobre el escritorio y abrió el sobre temblorosamente. Cuando lo logró, leyó rápidamente y arrugó el papel, tirándolo a la basura. Se sacó la mochila y se sentó, respirando entrecortadamente, mientras abría un cajón de su escritorio, en busca de su agenda. Sin embargo, encontró, además de la agenda, una bola de la suerte.
La miró, esperando ver algo que le levantara el ánimo, pero fue peor: furiosa, la lanzó contra una de las puertas de vidrio que separa la oficina de la sala de reuniones, rompiendo el vidrio en mil pedazos.
- ¿Qué demonios crees que haces? -Le preguntó House desde la puerta: venía caminando con su bastón nuevo. La chica tomó la mochila y lo miró, con los ojos llorosos.
- Búscalo en el basurero. - Y salió corriendo del lugar.

sábado, 27 de junio de 2009

Kill Bill - Nikkiller - Capítulo 2


Existen dos tipos de personas: la gente y la gentuza. La gente debe permanecer unida y aislada para no infectarse de la mediocridad y lo absurdo. Ser superior no debe ser un motivo para esconderse o avergonzarse, sino más bien lo contrario. La superioridad debe demostrarse en cada acto de la vida cotidiana. Mirar por encima del hombro está bien siempre y cuando seas más alto que los demás. Donde unos ven venganza, otros ven justicia. Todo depende de la perspectiva. Pero no todos pueden comprenderlo. Nikki Bell se sentía la peor mierda del peor retrete de Pasadena, California.
Los dilemas parecían no tener solución para Nikki. Jamás tuvo que decidir absolutamente nada en su vida. El camino ya estaba bajo sus pies, sólo tenía que dejarse llevar. Pero había llegado el momento de tomar una decisión y la cabeza de Nikki estaba a punto de estallar en miles de pedazos. ¿Estaría su destino escrito en aquel mugriento post-it amarillo? La puerta de su prisión mental y anímica parecía estar medio abierta.
Todo acto tiene consecuencias. Si huía, sería una huida permanente. Pensar en el castigo que le impondría su padre le ponía los pelos de punta. Si se quedaba, su vida sería un infierno, al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad. Así que abrió la puerta de su habitación y caminó hacia la salida sin mirar atrás.
-¿Adónde crees que vas? -sonó una voz severa tras ella.
Nikki se detuvo en seco, dándole la espalda a la hermana Joanne.
-Lejos de aquí -contestó la chica.
-Así que decides abandonar el camino de Dios.
-¿Ve a aquel tipo de allí? -Nikki señaló un crucifijo de madera situado en la pared.- Él fue el primero en abandonar.
-¿Cómo te atreves? -la hermana parecía muy ofendida.
-Cuando las cosas se pusieron feas, se rindió. Y encima se atreven a decir que murió por nosotros. Si era el verdadero hijo de Dios, podría haberlo evitado. Aún quedaban muchas almas por salvar. ¿Y sabe qué es lo peor de todo? Que cargó con su propia cruz. ¿Acaso no es el tipo más idiota de toda la historia de la humanidad?
Una lágrima cayó por la mejilla de la hermana Joanne.
-Yo no pienso cargar con ninguna cruz -prosiguió Nikki.- Ya he pagado por todos los pecados qué he hecho y haré durante el resto de mi vida. Es hora de tomar cartas en el asunto. Adiós, hermana Joanne. Nos vemos en el Infierno.
Nikki giró la cabeza y le guiñó el ojo a la monja, quien no supo cómo reaccionar ante la sarta de blasfemias que salieron de la boca de la joven. Y, en efecto, ese fue el último momento en que Nikki vio a las putas que habían arruinado su vida.
Memorial Park Station. Punto de partida de su liberación. Volvió a comprobar la dirección escrita en el post-it que Elle Driver le dio y compró un billete con los pocos ahorros que tenía guardados bajo el colchón rumbo a Albuquerque, Nuevo México.

miércoles, 24 de junio de 2009

El Señor de los Anillos - Égolath - Capítulo 2


Aragorn, hijo de Arathorn, y Égolath, hijo de Légolas, permanecieron sentados largas horas bajo las estrellas charlando, entre otras cosas, de la Comunidad del Anillo y sus grandes hazañas al final de la Tercera Edad.

-¿Vendrás entonces a Minas Tirith? -preguntó Aragorn.

-Por supuesto, será un honor cabalgar al lado del Rey de Gondor.

Al amanecer, prepararon los caballos que Aragorn había traído de su Reino. Eran caballos nobles, hijos de los grandes caballos de Rohan. No había animales más bellos en la Tierra Media. Tenían provisiones de sobras, pues no era un camino demasiado largo ni peligroso. Cabalgaron durante dos días y dos noches y al amanecer del tercer día, con las primeras luces de la mañana, llegaron a Minas Tirith.

Égolath no había viajado jamás a las tierras de los Hombres, pero quedó maravillado al ver la Ciudad Blanca. El esplendor de los antiguos Reyes había sido devuelto y todo aquello que se perdió en la guerra había sido reparado y mejorado. Antes de entrar, Aragorn hizo sonar un cuerno y desde lo más alto de la ciudad se empezó a escuchar una música jamás antes escuchada por Elfos. Era el sonido de las trompetas de plata. El Rey había regresado a su hogar.

Atravesaron las imponentes puertas y cabalgaron a través de los siete niveles de la ciudad hasta llegar a lo más alto, al Palacio Real, junto a la Torre de Ecthelion. Los guardianes inclinaron sus cabezas y abrieron las puertas permitiendo el paso a su Señor. Y entonces, Égolath reconoció a otro miembro de su raza junto al trono del Rey.

-Salve Arwen, hija de Elrond, Estrella de la Tarde, Reina de Gondor -balbuceó Égolath mientras besaba su anillo de mithril, obsequio del Señor Enano Gimli, hijo de Glóin.

-Agradable es la visita de Égolath, hijo de Légolas, amigo y hermano -respondió ella-. Largo tiempo he esperado el regreso de nuestra gente y ahora, en estos momentos de incertidumbre, vuelve la luz de los Eldar a Gondor.

El servicio del Palacio preparó un gran banquete donde sólo los más nobles fueron invitados. Eran tiempos de bonanza y los frutos de la tierra habían crecido sanos y sabrosos. Égolath quedó maravillado de la cocina de los Hombres. Tras el banquete, Arwen acompañó a Égolath a la habitación que con tanto cuidado había preparado. Aunque los Elfos no necesiten dormir, Égolath se tumbó sobre la confortable cama y se sumergió en un sueño profundo y reparador. El sabor amargo de la matanza del bosque permanecía y necesitaba, aunque sólo fuese por unas horas, evadirse de la realidad.

Aún no había amanecido. Légolas se encontraba con su hijo pescando en un tranquilo arroyo. El dulce calor del Sol acariciaba sus caras y el tiempo parecía haberse detenido. Un gran sentimiento de felicidad invadía sus corazones. Toc toc. Égolath despertó.

-Adelante.

La puerta se abrió y apareció un joven en cuya mirada parecía abrirse un abismo.

-Necesito hablar contigo -dijo el joven.

-Dime qué te puedo ofrecer.

-Sólo tú puedes responder a las preguntas que inquietan mi mente. Ayúdame a encontrar las respuestas, pues no puedo dormir desde hace varios días.

En ese momento, Égolath reconoció al joven.

domingo, 21 de junio de 2009

miércoles, 17 de junio de 2009

House - A girl like me? - Capítulo 2



House no pudo dormir aquella noche. El hecho que una mujer, con un cuerpo escultural y también, de gran inteligencia, lo hubiese hecho dormir y más encima, se haya atrevido a romper su bastón, era algo que no le cabía en la cabeza. Aunque debía reconocer que era bastante bueno: al fin y al cabo, la vida está llena de sorpresas.
Así que, tomó el teléfono y llamó a Cuddy, sólo para asegurarse de un pequeño detalle.
- Aló.
- Dime, querida Lisa ¿Desde cuando te ha apasionado la velocidad?
- Hola House ¿Así que te gustó mi moto?
- ¿Sophie?
- Vaya, el trato mejora: ahora soy Sophie… Así que de verdad deseas que haga tus horas clínicas…
- Es un trabajo aburrido, monótono. En cambio, yo soy un hombre de acción.
- Debo reconocer que las horas clínicas son una lata, pero es lo que hay.
- No has contestado mi pregunta.
- La pregunta era para mi tía, pero te la responderé: La Chopper que viste es mía. Ayer llevé a mi tía, por haberme permitido alojar en su departamento, ya que aún no encuentro uno apropiado. ¿Conoces a alguien que trabaje en bienes raíces?
- Conozco a una, pero puedes pedirle a Wilson mayores datos: esa es la ventaja de divorciarte en buenos términos con tu ex.
- Mmm… le preguntaré, aunque eso de que sea su ex, es algo… pollerudo.
- Ni yo lo habría definido mejor.
- Entonces dime... ¿Por qué tanta curiosidad con mi moto?
- Ah eso: quisiera saber si, además de ser una modelo porno con cerebro, sabías correr.
- Conque modelo porno... vaya, que imaginación la tuya, hombre. Pero por ahora, confórmate con eso.
- ¿Y si me apuestas eso?
- Ah no, eso no: recuerda que ayer perdiste, por tanto, tendrás que soportarme en tu oficina, si es que también quieres un bastón nuevo.
- ¿Cómo demonios...
- No has nombrado el asunto, así que puedo suponer que pretendías que me olvidara del tema.
- Dime, eres real o sólo un delirio producido por mis queridas pastillas?
- Soy real, hombre. Y ya que me hablaste de pastillas... ¿Dormiste?
- No puedo hacerlo sin ellas.
- Mmmm... ya veremos. Entonces, el que pierda paga el desayuno?
- 7:30 A.M. en la Bajada del Diablo.
- Nos vemos
ºOºOºOºOº
A las 7:29 A.M. estaban ambos, preparados para competir: la Repsol y la T-Rex parecían ansiosas por saber quién sería es vencedor de este duelo.
- A la cuenta de tres. -Dijo House.
- Uno -comenzó Sophie, pero su compañero no la secundó.
- ¡Tres! -Y partió. Sophie aceleró al máximo, enfurecida por la trampa. Pero éste no sería un juego limpio si él no lo quiso así, pensó. Revisó su GPS y éste le indicó una vía más rápida y directa de llegar, exactamente, un minuto antes que House. La frustración de éste se hizo notar.
- No puede ser.
- Tú quisiste jugar sucio, así que atente a las consecuencias: quiero mi desayuno.
- No sé si alguien te lo dijo, pero yo sólo como chatarra.
- También yo, así que vamos: quiero mi chatarra.
La sonrisa de satisfacción de Sophie no se hizo esperar, como tampoco la respuesta de House.
- Eres una principiante, niñita. No sabes con lo que juegas.
- No me mires tan en menos: también sé jugar bien mis cartas.
Ambos se miraron fijamente, desafiándose a retirar la mirada del otro, pero ninguno lo hizo: la extraña conexión entre ambos, era un misterio bastante intrigante, que necesita encontrar una solución.
- Eres un ser bastante interesante, Sophie.
- Lo mismo pienso de ti. ¿Te parece que vayamos a desayunar? Tal vez ahí halles alguna pista.
- Vamos: necesito hacerme la idea que en unos pocos minutos, tendré que oír la chillona voz de tu querida tía. -Sophie se largó a reír y le ofreció el brazo a House.
- Necesitas afirmarte: recuerda que no tienes bastón.
- Tal vez no lo necesite. -Contestó, mientras le daba el brazo y dejaba correr su mano por el trasero de ella. La chica, sin inmutarse, comenzó a caminar.
- No tienes remedio. -Le dijo con una sonrisa.
- Lo sé: soy un caso médico digno de investigar. - Y entraron al hospital
ºOºOºOºOº
Ambos venían charlando animadamente luego del gran festín de chatarra que ambos devoraron. Y la apuesta, curiosamente, no corrió esta vez. Y no porque House haya elucubrado una treta para librarse de ella, sino porque Sophie se lo pidió. Y al parecer, más cosas salieron de aquella charla, pero ninguno de los dos hablaría más allá, sobretodo si al entrar a su oficina, encuentran a Cuddy, sentada, esperándolos. Al verlos del brazo, no pudo disimular su asombro ¿Qué encanto ejercía su sobrina sobre aquel extraordinario médico, que a pesar de tener un genio de los mil demonios, se hace irresistible a una mujer? (sorry, se me escapó lo fanática... en todo caso, me gustan los hombres inteligentes, con un carácter fuerte y por sobretodo, ojos de color... mejor será que deje de babear por mi novio y me concentre en la historia)
- Cuddy... que agradable festín para mi vista. - Dijo House, quién miraba los escotes de la Decano de Medicina. Sophie no pudo evitar reírse.
- Parece que alguien está falto de sexo... y no en solitario. - Dijo, pícaramente.
- ¡Sophie! -Gritó su tía.
- ¿Y dices que no eres una actriz porno? - House se dio vuelta para mirarla fijamente - ¿Y entonces, cómo se llegó a ensuciar tu dulce mente?
- ¿Quién dice que "alguien" me la ensució? Tal vez soy pícara por naturaleza... - Contestó inocentemente, mientras se acercaba cada vez más a él.
- ¿Te molesta si averiguo? -él rodeó su cintura con su brazo, mientras su mano, nuevamente se "dejaba caer" en la nalga de la chica.
- Me muero de ganas por saber. - Sophie se apegó al cuerpo de House, específicamente a su entrepierna y sus labios estaban cada vez más cerca, pero el momento fue abruptamente interrumpido.
- ¡YA BASTA! - Gritó Cuddy, descompuesta. - Sophie, ve a mi oficina AHORA. - Ella se despegó lentamente de él y salió del lugar. House, sin embargo, iba a sentarse en su escritorio, pero ella se lo impidió.
- ¿Crees que es una prostituta?
- No: es una doctora talentosa y con muy buena figura. Y definitivamente, es una competencia digna para mí.
- Entonces, si vas a jugar, por favor ten cuidado de no herirla.
- Hey: ella es bastante grandecita como para decidir. Creo que estás malentendiendo todo.
- ¿Ah sí? - Le preguntó desafiante.
- ¿No te parece demasiado raro que exista alguien tan... parecida a mi?
- Si siguen así, pronto descubrirás que ambos son iguales. - Dijo ella, entre dientes.
- ¡Excelente! Déjame averiguarlo y luego, volveré a ser mismo de siempre.
- ¿Y qué pasaría si lo que ella necesita es volver a confiar, a ser fuerte cuando en realidad no lo es?
- Tampoco pretendo involucrarme en algo... sentimental.
- Creo que ella tampoco... pero será mejor que no jueguen a nada.
- Me verás soltero como siempre, mi querida Lisa. - House hizo el juramento de los Boy Scouts y Lisa lo miró cansinamente, como si le estuviera diciendo "No tienes remedio, House". Salió de la oficina y el doctor se sentó en su puesto de siempre, encendió la radio y se puso a jugar con su pelota. La chica terminaría por volverlo loco.

martes, 16 de junio de 2009

Un reto para las llamas

Una voz extraña habla desde la oscuridad proponiendo un juego. Quieren que las llamas intenten consumir una vela ajena a ellos. Unas velas especiales para la ocasión.
Tres mundos elegidos al azar y ellos deben crear una conexión y una trama que les una.
Y el desafío fue lanzado.
Dos llamas ya se han decidido a luchar por ver quien alumbra más en esta oscuridad. Las armas: la literatura y la imaginación. El campo de batalla: una hoja de word en blanco donde deben crear una historia de 13 capítulos que sea un crossover entre esas tres series.
Tras el sorteo, King of Suth debe mezclar Dollhouse, Lost y X-Files.
Sombrerero Loco, el guardián de las llamas, intentará combinar a Smallville, Dr. Who y True Blood.
El primer capítulo de ambas de aquí a ocho días. Y, a partir de la primera publicación, uno semanal.
Pero espero y deseo que esto no quede aquí. Este es un desafío abierto a todos los escritores que tengan el valor suficiente de que les pongan a prueba. Si queréis intentarlo, solo decidlo y se os asignaran tres series aleatorias con las que debéis hacer una historia de trece capítulos.
Smallville, Supernatural, Buffy: the vampire slayer, Angel, Charmed, Dr. Who, Torchwood, Reaper, House, The Big Bang Theory, Legend of Seeker, Heroes, Fringe, X-Files, Lost, Dollhouse, True Blood, Pushing Daisies y Chuck.
Esas son las series que os pueden tocar por sorteo a todos los que deseen participar.
Atreveos. Si realmente hay competencia y se crea un buen certamen, quizás podamos añadir un buen premio.
¿Alguno más recoge el guante?

Ganador: Goku


Dibujo realizado por xikinight.

No ha sido una encuesta de muy amplio espectro pero, a conclusión de los votos recibidos, todo parece indicar que, con un 77% , los votantes creen que Goku ganaría contra Superman.
Cierto o no, la verdad es que gracias a Mister Moster o Ericks esa lucha ha trascendido la imaginación.
Gracias a todos por participar.

Superman vs. Son Goku - Capítulo 3











viernes, 12 de junio de 2009

House - A girl like me? - Capítulo 1


House aparcó su Repsol Honda en el sitio de siempre y miró el espacio que le corresponde a Cuddy. Un maldito nuevo día en donde la "dulce" vocecita de Cuddy se hará por todo el hospital, pensó, pero no contaba que en vez de ver el auto de Cuddy, vería una moto. Específicamente, una OCC T-Rex Softail. Miró algo extrañado, pero sonrió maliciosamente para sus adentros en la noche salvaje que debió haber pasado su queridísima jefa.
Entró al hospital y se dirigió a su oficina, pero vio a lo lejos que entraba mucha gente con cajas, muebles y cosas por el estilo. Así que apuró el tranco y ¡Sorpresa!: Cuddy estaba hablando con Chase, Cameron y Foreman, pero definitivamente, lo peor de la escena fue ver otro escritorio en su oficina. Eso significaba que...
- ¡House, que bueno que llegaste! Te presento a...
- ¿A quién se le ocurrió la genial idea de instalar otro escritorio en mi oficina?
Cameron, Chase y Foreman, como siempre, miraron mudos la escena: era demasiado temprano como para empezar peleando con su quisquilloso jefe.
- ¿Acaso no puedes soportar a una colega en tu espacio sagrado? - El desconocido, o en este caso, la desconocida entró en ese mismo momento a la oficina: de tez morena, 1.65 metros de estatura, linda figura, ojos color café y cabello de color negro, bastante desordenado y largo. Como tenía su bata desabrochada, pudo ver que llevaba un vestido de color verde oliva, de mangas 3/4, escote V (lo que dejaba un poco a la imaginación), ajustado hasta la cadera, donde comenzaba a caer hasta las rodillas en un corte irregular.
- Vaya, trajiste a una modelo de Victoria Secret disfrazada de médico... ¡Dios mío, como has podido caer tan bajo!
Cuddy abrió la boca, en señal de protesta, pero no articuló palabra. Cameron se rió un poquito con el comentario y los otros dos estaban embobados mirando la hermosa... espalda de nueva colega La muchacha miró de los pies a la cabeza a su nuevo jefe y se acercó lentamente, hasta quedar a espaldas de él.
- Primero, me llamo Sophie Templeton. Segundo, te agradezco el halago a mi figura. Y tercero -la mano de la chica comenzó a recorrer la espalda de House - Soy bioquímico y epidemióloga, así que comienza a demostrar un poquito más de respeto hacia mi persona. - Y con su puño derecho, golpeó la escápula de House, lo que provocó un fuerte crujido y un alarido, muy fuerte.
- ¡Ouch! -dijo House - ¿Quién crees que soy? ¿Tu... - e increíblemente, comenzó a bostezar. Los fieles súbditos y la Decano abrieron la boca asombrados: sin Vicodin, House no podía dormir. - Ah, no: si pretendes que me quede dormido con tal de que te quedes en mi oficina, no resultará.
- Si lo hará. - Contestó, mientras se colocaba frente a él.
- Que no.
- Te digo que si va a resultar - y una sonrisa de triunfo comenzó a aparecer en su rostro.
- Y yo digo que no, así que anda borrando tu sonrisa de modelo. - Y la miró satisfecho: la chica borró de inmediato su sonrisa, tomó su brazo y lo tiró: un nuevo crujido se sintió y los ojos de su querido jefe se cerraron y Cuddy, quién estaba más cerca de él, lo sostuvo, mientras que Sophie lo acomodaba en el sillón. - Que descanses bien.
- Increíble - dijeron Foreman, Chase y Cameron al mismo tiempo.
- ¿Qué demonios le hiciste, Sophie? -Preguntó Cuddy, en estado de shock.
- Trabajé un tiempo en la consulta de un quiropráctico y además, tomé algunos cursos de fisioterapia. Así que este bebé dormirá profundamente entre 3 a 5 horas y no será por una triple dosis de Vicodin, así que cuando despierte, tendrá que agradecérmelo.
Cuddy sonreía maliciosamente.
- Digna sobrina mía tenías que ser... te dejo a cargo, entonces - y le entró la ficha del paciente. - Hombre, 40 años, presenta dolor y rigidez en las articulaciones.
- Puede ser una simple tendinitis.
- Es VIH positivo. -Respondió.
- ¿Fase final? -Preguntó Chase.
- Comenzó el tratamiento hace 6 meses: averigüen si es un efecto secundario y determinen un tratamiento que no interfiera con el que lleva actualmente. - Dicho esto, se retiró. Cameron miraba fijamente a Sophie y comenzó a parecerle sospechoso.
- ¿Algún problema, Dra. Cameron?
Los chicos miraron a su compañera: en el momento en que Sophie cruzó el umbral de la oficina, olfatearon que habrían problemas.
- ¿Así que eres sobrina de la Decano de Medicina?
La chica la miró despectivamente.
- Si crees que entré aquí por conexiones, pues te equivocas: Estuve trabajando este último tiempo en Londres, pero debido a una situación personal, regresé a América a trabajar como profesora de Bioquímica. El que esté aquí como médico fue tan sólo una consecuencia: lo mío es el laboratorio.
Chase esbozó una fina sonrisa: sabía muy bien que su compañera debía de estar celosa, ya que le había salido competencia en la cruzada "Conquistar a House".
- Así que eres epidemióloga... Cameron, sé más dulce con tu nueva colega: tendrán que trabajar estrechamente. -Foreman la miró con cara de inocencia, mientras que la aludida lo fulminaba con su mirada. Pero aún así, siguió preguntando.
- ¿Y se puede saber cuál fue tu situación personal que te hizo volver a América?
Sophie bajó la mirada por un instante y la miró: esta vez, todo brillo de sus ojos había desaparecido y suspiró.
- Larga historia.

ºOºOºOºOº

House se desperezó tranquilamente: había dormido como nunca y lo curioso, es que nadie había intentado despertarlo. Pero al comenzar a recordar cómo fue que había terminado durmiendo, tomó el bastón y pretendía salir de la oficina , pero en cuanto vio a Sophie acercarse, se quedó en su lugar y esperó el momento preciso para detenerla con un amoroso golpe de su bastón.
- ¡Mierda! - y comenzó a sobarse el pecho, el cual fue el afortunado blanco de la furia de House.
- Buenas tardes. -Le dijo House amablemente.
- Vaya, al fin despertaste dormilón. -Le dijo con una sonrisa irónica, mientras intentaba entrar a la oficina, pero su jefe no era muy cooperativo. – Dime ¿Qué se siente poder dormir sin tener que tomar una triple dosis de Vicodin?
- Cómo si tuviera cálculos renales inoperables. Dime... ¿Cuál era tu nombre? ¿Naomi?
- Sophie Templeton.
- Muy bien, Templeton... ¿Por qué no me entregas el caso y me permites hacer el trabajo que tu y esos tres idiotas no pueden realizar?
- Porque ya sé cual era la enfermedad que sufría. - Ya hartada de estar en el umbral de la oficina, pateó el bastón, el cuál se partió en dos, y entró triunfante a la oficina. House se quedó con la boca abierta y vio su bastón partido en dos.
- ¡Has roto mi bastón! - Sophie comenzó a buscar rápidamente en su escritorio dos libros muy pesados y varios papers referentes a estudios médicos.
- Te compraré uno nuevo siempre y cuando pueda quedarme aquí hasta que me entreguen mi nueva oficina. - La chica se quitó el delantal, tomó un bolso deportivo y pretendía salir de ahí.
- ¿Qué te hace creer que aceptaré?
- Uno: aceptarás porque te mueres por saber el diagnóstico del paciente y ver si de verdad hice bien mi trabajo. Dos: porque no serás capaz de rechazar mi oferta de realizar tus horas clínicas atendiendo casos comunes que no merecen tu atención. Claro, que la última parte quedará condicionada a tu trato conmigo: si portas mal, tendrás que cumplir con mis horas clínicas y mis clases.
- Así que te gusta apostar. - La miró fijamente, mientras se perdía en su figura. Ella sólo sonrió y se acercó a su oído.
- Yo siempre gano. - Contestó, mientras le daba un meloso beso en la mejilla y salía de ahí. No había dado más de diez pasos, cuando sintió que le gritaban.
- ¡Acepto, pero te aseguro que perderás!
Ella sonrió para sí y respondió mentalmente.
Eso es lo que tú crees.

Sophie Deutiers, la tercera llama

Sophie Deutiers es el nombre de su imaginación. Esa misma que aparece en cada tarde del día, diciéndole que debería estar escribiendo en vez de estar estudiando o que también se materializa a través de la música, enviándole imágenes acerca de lo que debiera escribir cuando está ocupada.
¿Lo peor? Es que ella siempre gana y hace que "la titiritera", su dueña, comience a escribir en forma compulsiva.
¿Y quién es la titiritera? Ella estudia el último año de su carrera, tiene 21 años y por ahora reside en Concepción, Chile, pero sueña con recorrer las calles de Europa en una noche de invierno, con un Starbucks entre sus manos congeladas y una sonrisa de felicidad por haber logrado volar más allá.

Obras publicadas en Via Alium:
House - A girl like me?

Diferencial de una vela

Los voces que habitan en este rincon son pocas, pero se hacen escuchar como toda una multitud. Una de ellas me avisa de que otro mundo está a punto de dar comienzo y me acercó a ver esa peculiar vela que suplica por ser ya encendida. ¿Por qué uno de los multiuniversos quiere crearse a sí mismo? ¿Por qué esas realidades alternativas luchan por existir y mostrarnos su verdad? Desconozco la respuesta. Lo único que puedo afirmar con rotundidad es que esos otros mundos conforman más que una simple dimensión, esos mundos somos todos nosotros.

jueves, 11 de junio de 2009

miércoles, 10 de junio de 2009

Kill Bill - Nikkiller - Capítulo 1


La sangre resbalaba sobre los muslos de Nikki. El dolor sólo era superado por el placer. Sam Callaghan la penetraba como un cuchillo. Cada vez más profundo y doloroso. Una puñalada en la oscuridad. Pero Sam era demasiado Sam para decirle que no. El quarterback perfecto, el estudiante modelo, el compañero ideal y el no tan experto amante, aunque Nikki no podía saberlo. En aquel preciso instante, el tiempo se detuvo, el mundo se calló, el viento dejó de soplar y los jodidos astros dejaron de dar vueltas alrededor de lo que fuera que dieran vueltas. En aquel preciso instante, a los dieciséis años y dos meses de edad, Nikki Bell perdió la inocencia.
Había escapado horas antes de la residencia de chicas St. Alexander y el regreso se perfilaba casi tan peligroso como la huída. Las monjas -o las putas como ella prefería llamarlas- parecían tener un sexto sentido. Eran capaces de escuchar un alfiler caer a varias habitaciones de distancia. Por suerte, Nikki no era un alfiler. Con su sigilez felina se deslizó ventana adentro y se introdujo en la cama. Lloró, aunque jamás supo si por el punzante escozor en su entrepierna o por los recuerdos que el olor a sangre le trajeron a la memoria.
Cuando el sol se alzó en el horizonte, Nikki apenas llevaba un par de horas dormida. Unos nudillos huesudos golpeaban la puerta de la habitación. Se trataba de la hermana Isabella, lesbiana y, por lo que decían, toda una acróbata lingüista. Eso explicaría la misteriosa y permanente sonrisa de la hermana Evellyn.
-¡Nikki! ¡Tienes visita!
Una mujer ciega entró en la habitación. Con alguna que otra dificultad, logró sentarse en la cama y acarició el ensortijado cabello de la joven.
-¿Podría dejarnos un momento a solas?
La hermana Isabella cerró la puerta y se alejó.
-Hola, Nikki.
La chica, aún adormecida, no contestó.
-He venido a buscarte.
-¿Quién eres?
-Soy la tenue luz al final de tu túnel. Puedo sacarte de aquí. Puedo darte una vida mejor que la que te dio tu padre.
-Ni se te ocurra volver a mencionarlo. -Nikki parecía enfadada.
-Está bien, como desees. No quiero hacerte ningún daño. Al contrario. Tengo un lugar preparado para ti en el mundo. Dime que sí, y te daré toda la felicidad que no has tenido durante estos últimos doce años, desde la muerte de tu madre a manos de la zorra de Mamba Negra.
Y entonces Nikki recordó. Se trataba de aquella inquietante mujer con un parche en el ojo derecho en el entierro de su madre. Cómo perdió el otro, era un misterio. ¿Pero qué coño quería Elle Driver de la hija de Vernita Green?

El Señor de los Anillos - Égolath - Capítulo 1


Desde lo alto de aquel árbol el joven Égolath podía divisar gran parte del bosque. Le gustaba subir cada mañana y ver como los rayos del Sol iluminaban las copas primero y acariciaban los troncos después hasta besar las hierbas salvajes del suelo. Era su manera de dar los buenos días y, sin duda, un espectáculo digno de contemplar.

La paz reinaba en la Tierra Media desde el inicio de la Cuarta Edad, desde la caída del Señor Oscuro y la destrucción del Anillo de Poder. Era la Edad de los Hombres. Los Elfos habían cuidado de los árboles y los bosques desde épocas inmemorables, dejando un gran legado a los Hombres y demás criaturas, pero su tiempo se había agotado. Miles de barcos habían partido de los Puertos Grises a Occidente, donde nunca más se supo de ellos. Tan sólo una pequeña comunidad élfica decidió quedarse, pues su labor aún no había concluido. Y entre ellos se encontraba Égolath.

A los ojos de cualquier Hombre, Égolath parecía un joven de melena negra y ojos grises, pero en realidad su edad equivalía a la de varias generaciones de Hombres. Desde pequeño, su padre le había inculcado el amor y el respeto por todas las cosas que crecían de la Tierra y le había enseñado las artes y la ciencia élficas. Tenía toda la eternidad por delante para disfrutar de los paisajes de aquel gran Reino, pero era su responsabilidad y la de sus semejantes cuidar de todo aquello que generaciones y generaciones de Elfos habían conseguido desde que despertaran en Cuiviénen.

Aquel mismo día un olor extraño perturbó la mente de Égolath. Era el olor de madera ardiendo, un olor que no se percibía en aquellas tierras desde hacía tiempo. Los Elfos no utilizaban la leña de los árboles para iluminar sus hogares o cocinar. Una larga columna de humo comenzó a ascender detrás de una colina, oscureciendo el día y encogiendo el corazón de todos aquellos capaces de observar tal horror. Égolath corrió con la presteza y elegancia de un ciervo hacia el campamento. Algo malo estaba ocurriendo.

No existe palabra en élfico para describir lo que los ojos de Égolath estaban viendo, pero sin duda habrían sido palabras de tristeza y maldición. La crueldad de un fuego intencionado había destrozado por completo el campamento y sus llamas seguían devorando cada indicio de vida en el bosque. Recordando las enseñanzas de su madre, Égolath invocó a los Cuatro Elementos, aunque era demasiado tarde. Unas nubes negras como sangre de Orco aparecieron repentinamente en el cielo. La lluvia no tardó en aparecer y cayó con toda su fuerza. Pasaron horas hasta que el incendio se hubo extinguido y entonces las nubes se disiparon y el Sol apareció dejando ver las consecuencias de lo que nunca debió suceder.

Égolath buscó entre los restos del campamento, pero sólo halló los cuerpos calcinados de sus compañeros. Nadie más había sobrevivido. Tuvo suerte, pero no se sentía afortunado. Sus lágrimas se derramaron sobre el suelo y donde cayeron jamás volvió a crecer planta alguna, pues eran lágrimas amargas de dolor.

Era una imagen penosa la del joven Elfo caminando sin rumbo conocido y con la cara aún manchada de hollín. Llegó no sin dificultad a un arroyo cercano y se despojó de sus ropas. Tan sólo hubo introducido los pies en el agua sintió como recuperaba parte de su energía y una pequeña luz empezaba a iluminar su corazón, aún oscurecido y triste. Se sumergió por completo y dejó que las corrientes provenientes de las altas cumbres del Este arrastraran su suciedad y su pesadumbre y, por un momento, abandonó este Mundo.

Una voz grave se alzó en el bosque. Égolath despertó, salió del arroyo y volvió a vestirse. Escondido entre los árboles intentó localizar el origen de aquella canción en un idioma familiar, aunque desconocido. Allí estaba, un Hombre con el emblema del Árbol Blanco y las Siete Estrellas en el pecho. Algo le hizo dejar de cantar. Era el frío acero de una flecha de Égolath rozando su frente.

-¿Quién cantaría en estos momentos de sombra y dudas sino el autor de tal fechoría? -preguntó Égolath tensando su arco.

-No era una canción alegre, sino una canción en memoria de los caídos.

-Dadme vuestro nombre y quizá pueda creerle.

-Soy Aragorn, hijo de Arathorn, Rey de Gondor y de los Hombres libres.

Égolath bajó el arco y agachó la cabeza como muestra de respeto y afecto

-¿Qué le trae a tan venerable Hombre a estas tierras, si se me permite la pregunta?

-He venido a buscarte, pues tu presencia en Gondor es requerida para un Concilio.

-¿Por qué alguien como yo iba a ser invitado a un Concilio? Y en caso de merecerlo, ¿por qué no enviar a un mensajero, Rey de Reyes?
-Conocí a tu padre años atrás. Me entristeció profundamente la noticia de su muerte. Quería conocer a su primogénito, pues su misma sangre corre por tus venas. Nadie mejor que tú puede representar al pueblo élfico en esta Edad. Te necesito, Égolath, hijo de Légolas.

King of Suth, la segunda llama

Natural del mágico Pont de Suert, King of Suth es uno de los valores potenciales más grandes que residen en España. Escritor y guionista, a sus veintidós años es un estudioso del séptimo arte, en especial de las series americanas, y basa su trabajo en sintetizar lo mejor de cada una de ellas para crear no una obra única, sino un trabajo que inspire y potencie los mismos sentimientos que las grandes producciones consiguieron en su día.
Actualmente, King of Suth sigue inmerso en la creación de una serie de televisión de la que poca información ha conseguido filtrarse, compaginando dicha tarea con la inevitable necesidad de escribir lo que su mente imagina. Buena prueba de ellos son las posibles continuaciones que vemos en este blog.
Para más información acerca del autor, aquí os dejo su blog personal.
http://86degeneration.blogspot.com/
Obras publicadas en Via Alium:
Kill Bill – Nikkiller
El Señor de los Anillos -Égolath
Crossover - El conejo blanco

Una llama, dos velas

Por fin, una de las tres primeras llamas da luz suficiente para poder mirar a través de ella. Sin embargo y pese a mi sorpresa, su fuego se hace tan incontrolable que estalla frente a mí y se convierte en una extraña lluvia de pétalos incandescentes. Uno de ellos, el más alejado, cae sobre otra vela apagada y la enciende. Y ésta, sin permiso alguno, comienza a mostrarme una realidad alternativa que no tenía pensado crear.
Y ante tal atrevimiento, solo puedo reír. Las llamas de Via Alium, como el mismo fuego, son incontrolables e impredecibles, y eso es lo que las hace tan especiales.
Demos la bienvenida a una nueva llama creadora.

sábado, 6 de junio de 2009

Ecos de una vela

Una voz clama desde mi correo para susurrarme hasta donde llega la luz de una de las llamas. Al parecer, la primera vela ilumina con fuerza inusitada y las sombras que proyecta sobre la pared han cobrado vida rápidamente. Pero lo que muestran no es la realidad de la primera llama, es solo un eco. Se trata de otro momento, otro juego, otra ventana a la que asomarse.
Los pilares de esa realidad son frágiles y ahora muestran otra posible situación. Será interesante ver ambos desenlaces.



Gracias a Ericks por abrirnos esa puerta a la imaginación.

Superman vs. Son Goku - Capítulo 1










Mister Moster, la primera llama

Joel Ojeda López, a.k.a. Mister Moster, tiene 29 años y es nativo de Aguascalientes, México. Ha dibujado desde que tiene uso de razón (o quizá desde antes). Se ha desempeñado en las áreas de diseño y de comic, trabajando en proyectos como la película y el primer numero de comic "Ángel Caído: Sephyro", libros como "Listos para el amor", "Con ganas de vivir" de ediciones San Pablo, o la antología "Horrores breves". Actualmente desarrolla el cómic "Kether", de su autoría. Su trabajo aparecerá en el tributo a los Darkstalkers que el estudio UDON publicará en la San Diego Comic Con 2009.

Obras publicadas en Via Alium
Superman vs. Son Goku

Un nuevo fuego

Apenas me ha dado tiempo para deleitarme con el lento caer de la cera cuando otra vela cerca de mí desea ser encendida. Siento como me llama, como invoca a su fuego creador para que la consuma. E, inevitablemente, ceso mi amarga contemplación y le doy vida.
Pero esta luz es especial, distinta. Esta luz quiere acabar con las tinieblas de mi rincón e iluminar hasta el más oscuro recodo de mi demente cerebro. Es osada, si. Pero dudo que lo consiga.
No obstante, somos ya cuatro llamas las que ardemos solo para paliar las necesidades e inquietudes de nuestras martilleantes e incansables mentes. Y ha tenido que ser la última de nosotras la que primero empiece a consumir una de sus velas.
Ese mundo que ahora muestra es muy interesante. Dejemos que nos los enseñe.

viernes, 5 de junio de 2009

El comienzo

Tres velas han sido encendidas y tres llamas han nacido.
Tres nuevos mundos, tres historias, tres universos que jamás volverán a ser los mismos.
Desde la oscuridad del espejo me deleito observando como molían esas realidades y se ajustan al nuevo patrón que sus autores designan. ¿Cuanto tardarán en consumirse? No lo sé, tampoco me importa. Solo espero que el buen sabor de boca que nos dejen dure por mucho tiempo.